domingo, 24 de enero de 2010

Azúcar

Es curioso como una simple pregunta puede revolver tu mundo.

-¿No le echas azúcar al café?
-No...-dije pausadamente mientras el líquido inundaba mi boca-. Me gusta amargo -y frío, pensé.
-¿No es suficiente amarga la vida ya? -me hizo gracia el comentario. El tipo de gracia que deja un poso reflexivo y melancólico. Tras un momento respondí:
-Así lo tengo presente.

Una simple pregunta puede despertar recuerdos escondidos tras montañas de construcciones personales, que nos permiten vivir sin tropezarnos con ellos. Hasta que punto luchamos contra nosotros mismos, por adaptarnos al imaginario de las relaciones sociales, negando nuestro ser.

Una simple pregunta puede desnudarnos y hacernos sentir completamente inútiles. Puede llevarnos al filo de la autodestrucción, o guiar nuestra brújula personal hacia la dirección de la que nunca debería haberse apartado, imanada por el magnetismo de gurús, religiones y teorías vitales.

Quizá sea todo lo que necesitemos para ser libres. Una simple pregunta.

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